El control es el problema

 

Mindfulness. Del control de tu mente a la observación.


La mente es sólo una herramienta a nuestro servicio que hay que saber utilizar. No somos nuestra mente sino el que la observa.


tarragona PsicologoNuestros  pensamientos tienen tanta fuerza y capacidad para llamar nuestra atención que vamos siempre absorbidos en ellos.  Podríamos afirmar, lamentablemente, que la vida; es eso que nos sucede mientras pensamos, y digo lamentablemente, por que el problema de vivir  en nuestra mente es que mientras nos recreamos en los contenidos mentales, nos perdemos la vida. La vida no está en la mente está en nuestros sentidos. Es importante estar atentos y conscientes, darnos cuenta,  en nuestra vida,  para hacernos cargo de nosotros. Es  importante una atención plena de conciencia, ser conscientes de lo que pasa ahí fuera en el mundo exterior y en lo que pasa, aquí dentro, en nuestro mundo interior. En nuestro cuerpo y nuestra mente,  para hacernos cargo de ello conscientemente. Darnos cuenta, conscientemente, del contenido de nuestra mente para observarlo. Así  conocer el contendido de nuestra mente sin identificarnos con ella. Observar y conocer nuestra mente en acción es conocernos a nosotros, nuestros deseos, miedos, pensamientos, fantasías, alegrías…. Observar las tendencias de nuestra , la intenciones por la que se mueve,nos movemos. Es necesario, ser consciente del contenido mental,  para gestionar nuestra mente sin dejarnos arrastrar por ella.

La mente es  una herramienta a nuestro servicio, que tenemos que gestionar adecuadamente. De esa forma nos hará libres de neutro falso ego con el que nos identificamos,  y no será útil para cuidarnos, tratarnos bien y tratar y cuidar a los demás.   Si nuestra mente nos atrapa, y nos confundimos con  su contenido, se convertirá en una potencial causa interminable de sufrimiento. Observar, conocer y familiarizarnos, conscientemente, con el contenido de nuestra mente, es aprender como funciona; y eso es,  a aprender a utilizarla a favor nuestro.  Y no en contra nuestra.

No podemos controlar nuestra mente. Que pensamos, sentimos, que emociones tenemos o que recuerdos nos vienen a visitar. Tampoco podemos controlar o decidir que impulsos, expectativas o  deseos aparecen. Tampoco, podemos decidir las intenciones que albergarmos. Es por eso, no se si te has dado cuenta, que nunca he dicho controlar la mente, solo he dicho gestionarla adecuadamente. Gestionar nuestra mente, por que no podemos controlarla. A pesar de que hay millones de libros que así te vendan esta historia. Y, supongo, que los que los halláis comprado, con esta intención, os habrán llevado, directamente a la frustración,  al no poder llevar a cabo lo que os prometían. Y aun te diría mas, el control de la mente no es la solución sino el problema. Cuando tienes la actitud de querer controlarlos contenidos dolorosos de tu mente, esta actitud, se convierte en el problema.

Recurriré a una metáfora, para explicarte la imposibilidad de controlar la mente y a los efectos nocivos a los que nos lleva si lo intentamos. Imagina que tu mente es una autopista con varios carriles de circulación. Siempre a tope de coches. Multitud de vehículos, en ambas direcciones. Te lanzas en medio de estos carriles,  a controlar los vehículos que sospechas que no cumplen con las normas de circulación.  Pretendes, amonestar al que va con exceso de velocidad, al conductor ebrio  a los coches que llevan lo neumáticos gastados, etc. ¿Cuál sería el resultado, si fueses tan temerario para hacerlo? Acabarías en el hospital arrollado por algún coche. Eso es lo que suele ocurrirnos cuando queremos controlar, el contenido de nuestra mente. Cuando algo nos hace sufrir nuestra mente esta llena de pensamientos, emociones, miedos, imágenes, recuerdos…..que nos  hacen sufrir,  y para deshacernos del sufrimiento emocional nos lanzamos a controlar nuestra mente, “el tráfico mental”. El resultado,  es que acabados atropellados por su contenido.

Cuando hay alguna emoción o pensamiento que nos hace sufrir, queremos deshacernos de él. Nos lanzados, nos metemos ahí en “el trafico del contenido mental”,  resistirnos y eliminar esa emoción para amonestarla, decirle que no debe de estar ahí,  que nos impide ser felices. Intentamos, con todas nuestras fuerzas,  echarla fuera de nosotros y así recobrar la felicidad. Pero eso, sabes que no funciona. En vez de ocuparte de tu malestar lo que acabas es preocupándote en él, acabando en rumia mental, con lo cual te vas generando más de lo mismo, más sufrimiento emocional. Si cambiamos de actitud y  adoptamos la opción  de sentarnos a observarla, desde al arcén o orilla de la autopista, con  atención, el trasiego continuo de nuestra mente, ese tráfico intenso, estaremos a salvo. Desde la orilla de nuestra mente empezamos a bservar esos coches que infringen alguna norma, cogerles la matrícula, dejarlos ir esta actitud nos ahorra sufrimiento, acabar en el hospital atropellados.

Eso es lo que hacemos cuando practicamos la atención plena. Observar de forma consciente o en atención plena, el contenido de nuestra mente, -temores, rencor, rabia, tristeza, fantasías, calma, felicidad, paz, ilusiones, planes, anticipaciones, recuerdos, pensamientos, sensaciones, diálogo interno, impulsos, deseos, intenciones, etc-, ese paisaje, de ir y venir,  interno interminable. Observamos y somos conscientes de todo lo que está ahí, no reprimimos, no ignoramos, no luchamos, no controlamos o ignoramos, tampoco, los queremos retener, todo lo contrario: nos hacemos cargo de ellos y los  integramos como una  experiencia más. Haciendo espacio, a los que nos causan dolor y dejarlos ir y no reteniendo los que nos producen placer. No reaccionamos -preocupándonos, controlando, eliminando,  luchando o queriendo retener; para que se vayan o se queden, no nos lanzamos a la autopista. Observamos con paciencia y amabilidad, acompañamos los eventos mentales desde la atención plena. Viéndonos diferentes, diferenciándonos no indentificándonos con su contenido.


 Siempre corriendo para conseguir la felicidad y atarla a nosotros para que no nos abandone, simple corriendo para evitar el dolor.


Con esa nueva actitud, de pasar del control a la observación consciente de la mente, abrimos una brecha, un espacio, una nueva perspectiva. Con esa nueva actitud, entre nosotros y nuestra mente,  ya no seremos arrastrados,  a reaccionar -acabar atropellados-,  ante el sufrimiento emocional o a querer retener interminablemente la felicidad. Dejamos de reaccionar, como hasta ahora. Siempre corriendo para conseguir la felicidad y atarla a nosotros para que no nos abandone, simple corriendo para evitar el dolor. Elegimos responder ante el sufrimiento emocional o a la felicidad   con una respuesta diferente. Una respuesta nueva, creativa que nos libere del condicionamiento del contenido de nuestra mente.